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Edelberto: en el Seminario la «DIVERSIDAD DE TRADICIONES ENRIQUECÍA CADA DEBATE Y SE APRENDÍA A RESPETAR LOS CRITERIOS DIFERENTES»

Llegué a estudiar al Seminario con el primer grupo de Bachillerato en Teología en la modalidad semipresencial. Como todo lo que inicia fuimos descubriendo –tanto estudiantes como profesores— la dinámica de esta modalidad; cada dos meses íbamos al Seminario para vencer las asignaturas y eso implicaba clases mañana y tarde y a veces por las noches. El grupo estaba formado por personas de la Iglesia Episcopal, Iglesia de Dios, Hermandad Cristiana Agraria, Ejército de Salvación, FIBAC e Iglesia Presbiteriana-Reformada. Esta diversidad de tradiciones enriquecía cada debate y se aprendía a respetar los criterios diferentes y a descubrir lo que pensaban otras personas e incorporar lo que considerábamos valioso de los demás. Soy pastor en la Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba (IPRC), y con el tiempo llegué a presidir la Junta Directiva del Seminario, lo que me abrió la posibilidad de conocer las complejidades que se viven tanto desde el punto de vista docente como administrativo; realmente nunca pensé ser Presidente de la Junta y tampoco nunca imaginé cuánto esfuerzo se hace para mantener funcionando el Seminario. Doy gracias a Dios por las experiencias vividas, por los momentos de formación, reflexión y acompañamiento. Doy gracias a Dios por el claustro de profesores, por cada persona que trabaja en el Seminario. Un abrazo afectuoso a quienes dedican sus vidas y dones a este lugar. (Edelberto J. Valdés Fleites, licenciado en Ciencias Biológicas (1978, Universidad de La Habana) y graduado de bachiller en teología (2011, SET). Ha sido Secretario general de los Sínodos XII y XIII de la IPRC [2017-2021])

Rody: «PARA MÍ EL SET FUE EL MONTE DE MI TRANSFIGURACIÓN»

Entré al Seminario Evangélico de Teología en Matanzas dos semanas antes de iniciar el curso 2000-2001 y me fui un año después de lo previsto, en el curso 2004- 2005. Esta no fue una escuela común, no fue siquiera tan solo una escuela de teología. Más que dormitorios, capilla, comedor, biblioteca y jardines, el SET fue un constructor de sentido, una oportunidad para hacer amistades para toda la vida, más allá de la distancia y el tiempo. Fue un espacio para fortalecer mi fe. Fue un torbellino de ideas, opiniones, proyectos y sueños, que no solamente me ayudó a convertirme en el sacerdote que soy, sino que me ofreció un tiempo sagrado para conocer una Cuba diferente, una Iglesia desconocida, una Biblia que a veces era incorrectamente interpretada y transmitida; una liturgia que nace no de un manual, sino de la experiencia del pueblo que adora a Dios en Espíritu y en Verdad. El SET es como un tatuaje, una marca en lo profundo de mi corazón y de mi alma. A quienes me formaron, a quienes me acompañaron en clases, a mis amistades de batallas y celebraciones, a cada edificio, pared, árbol presente en esta colina, gracias. Al decir de algunos, el SET es la colina de los demonios, pero para muchos, gracias a Dios, es la colina santa. Para mí fue el monte de mi transfiguración. (Rody Pérez Risco. Episcopal, graduado como licenciado en teología (2005), actualmente candidato a Master en Liturgia)

Felipe: en el Seminario «APRENDÍ A VERME, SIN SOMBRAS, COMO UN HIJO AMADO DE DIOS»

En las aulas, los patios y las conversaciones del SET, el Evangelio se me reveló en su esencia más pura: es una buena noticia liberadora. Aquí, la Palabra dejó de ser un martillo para convertirse en un abrazo. Recobré la esperanza de que mi vida, toda ella, tenía un lugar digno en el propósito de Dios. Mi llamado al pastorado, que antes sentía bajo sospecha, se fortaleció con la convicción de que era auténtico y necesario. El Seminario me equipó con herramientas teológicas fundamentales, pero la más transformadora fue aprender a verme, sin sombras, como un hijo amado de Dios. También amplió mis horizontes de manera radical; comprendí que la fe se nutre no solo de la Escritura, sino también de la tradición de la Iglesia y del don de la razón. Esta visión más integral me liberó del dogmatismo y me enseñó que mi práctica de fe no detenta la única verdad, sino que es parte de un cuerpo diverso y hermoso. Por todo esto, el SET representa en mi vida el lugar donde el mensaje de Jesús dejó de ser una teoría distante para convertirse en la fuerza que me devolvió la vida, me afirmó en mi vocación y me envió a servir desde la gracia plena y la libertad conquistada. (Felipe Marrero Ávila. Episcopal, graduado de bachiller en Estudios Bíblico-teologicos (2023), estudia actualmente en el programa de Maestría en Liturgia)

Regresa el tiempo de capilla

Ayer miércoles (15 de abril) se reanudó el servicio devocional en la capilla, para los trabajadores y las familias residentes en el Seminario. Como dijo el rector, Dr. Ary Fernández, «no podemos dejar que las circunstancias decidan por nosotros», hay que retomar la iniciativa y «quitar la piedra» que nos quiere mantener sepultados. En lo adelante, TODOS LOS MIÉRCOLES, en el horario habitual, se reabre la capilla «La Resurrección», para compartir la Palabra y dejar que el Espíritu Santo continúe obrando, a fin de que llegue pronto el día en que la comunidad del Seminario en pleno vuelva a reunirse en ese tiempo de adoración que tanto necesitamos para nuestra alimentación espiritual, y podamos otra vez entonar el canto que dice: «Por qué perder las esperanzas de volverse a ver. El Señor que nos protege nos ha de bendecir, seguro que otro día nos ha de reunir»

Annelise: «El Seminario fue un medio de gracia en mi vida»

El seminario fue mucho más que una etapa académica en mi vida; fue un tiempo en el que Dios fue trabajando profundamente en mi corazón, afirmando y dando forma a mi vocación. En lo intelectual, allí nació en mí un amor nuevo por el Antiguo Testamento y por las lenguas bíblicas. A través del estudio, comencé a ver la riqueza de la revelación, la historia de la salvación y la complejidad de la experiencia humana desde una perspectiva nueva. No era solo aprender contenidos, sino aprender a escuchar la voz de Dios en las Escrituras con mayor fidelidad y profundidad. Pero el Seminario no fue solo un espacio de estudio, sino también de comunidad. Dios usó a profesores y a compañeros que se convirtieron en hermanos para acompañar mi proceso. En medio de conversaciones y vivencias compartidas, fui comprendiendo que el llamado no se discierne en soledad, sino en el caminar con otros, dentro del cuerpo de Cristo. A través de los años, he podido servir en distintas áreas que marcaron mi corazón: la educación cristiana, el acompañamiento a comunidades migrantes y el cuidado pastoral de personas en momentos de fragilidad. En cada una de estas experiencias, confirmé una verdad aprendida en el SET, que la teología cobra sentido cuando se encarna en la vida y en el servicio a los demás. Hoy, al mirar atrás, reconozco que el Seminario fue un medio de gracia en mi vida. No solo me dio herramientas para el ministerio, sino que me ayudó a comprender mejor mi llamado y a responder a él con mayor claridad y propósito. Fue allí donde Dios, con paciencia y fidelidad, terminó de afirmar el camino al que me estaba invitando. (Annelise Albisa de Armas. Presbiteriana, graduada como licenciada en teología (2005). Residente en Tampa, Fla., E.U.A.)