
Entré al Seminario Evangélico de Teología en Matanzas dos semanas antes de iniciar el curso 2000-2001 y me fui un año después de lo previsto, en el curso 2004- 2005.
Esta no fue una escuela común, no fue siquiera tan solo una escuela de teología. Más que dormitorios, capilla, comedor, biblioteca y jardines, el SET fue un constructor de sentido, una oportunidad para hacer amistades para toda la vida, más allá de la distancia y el tiempo. Fue un espacio para fortalecer mi fe. Fue un torbellino de ideas, opiniones, proyectos y sueños, que no solamente me ayudó a convertirme en el sacerdote que soy, sino que me ofreció un tiempo sagrado para conocer una Cuba diferente, una Iglesia desconocida, una Biblia que a veces era incorrectamente interpretada y transmitida; una liturgia que nace no de un manual, sino de la experiencia del pueblo que adora a Dios en Espíritu y en Verdad.
El SET es como un tatuaje, una marca en lo profundo de mi corazón y de mi alma.
A quienes me formaron, a quienes me acompañaron en clases, a mis amistades de batallas y celebraciones, a cada edificio, pared, árbol presente en esta colina, gracias.
Al decir de algunos, el SET es la colina de los demonios, pero para muchos, gracias a Dios, es la colina santa. Para mí fue el monte de mi transfiguración.
(Rody Pérez Risco. Episcopal, graduado como licenciado en teología (2005), actualmente candidato a Master en Liturgia)