Felipe: en el Seminario «APRENDÍ A VERME, SIN SOMBRAS, COMO UN HIJO AMADO DE DIOS»

En las aulas, los patios y las conversaciones del SET, el Evangelio se me reveló en su esencia más pura: es una buena noticia liberadora. Aquí, la Palabra dejó de ser un martillo para convertirse en un abrazo. Recobré la esperanza de que mi vida, toda ella, tenía un lugar digno en el propósito de Dios. Mi llamado al pastorado, que antes sentía bajo sospecha, se fortaleció con la convicción de que era auténtico y necesario.

El Seminario me equipó con herramientas teológicas fundamentales, pero la más transformadora fue aprender a verme, sin sombras, como un hijo amado de Dios. También amplió mis horizontes de manera radical; comprendí que la fe se nutre no solo de la Escritura, sino también de la tradición de la Iglesia y del don de la razón. Esta visión más integral me liberó del dogmatismo y me enseñó que mi práctica de fe no detenta la única verdad, sino que es parte de un cuerpo diverso y hermoso.

Por todo esto, el SET representa en mi vida el lugar donde el mensaje de Jesús dejó de ser una teoría distante para convertirse en la fuerza que me devolvió la vida, me afirmó en mi vocación y me envió a servir desde la gracia plena y la libertad conquistada.

(Felipe Marrero Ávila. Episcopal, graduado de bachiller en Estudios Bíblico-teologicos (2023), estudia actualmente en el programa de Maestría en Liturgia)

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